 La Ley del Deporte obligaba a los equipos, que se convirtieron gradualmente en Sociedades Anónimas Deportivas, a presentar unos avales como previsión de deudas antes del 1 de agosto de 1995. Por causas diversas, el Sevilla y el Celta de Vigo no pudieron cumplir tales plazos, y fueron descendidos administrativamente a la Segunda División B. Por supuesto, el escándalo fue tremendo. Decenas de miles de aficionados de ambos clubes se echaron a la calle repetidas veces para defender los intereses de su equipo. Los directivos del Sevilla afirmaron que se había entregado el aval a tiempo, pero que en todo caso se debía conceder un tiempo de demora para su constatación. En lugar de ello, la Federación desde un primer momento entregó las plazas a Valladolid y Albacete, que tenían que descender ese año. Al final, la presión de las aficiones consiguió hacer retractarse a la Federación y ésta no tuvo más remedio que admitir a los 4 clubes, formando una liga de 22 equipos que tuvo dos años de vida. Tras toda esta problemática lo más destacable del año fue la buena actuación en la Copa de la UEFA, de la que fue eliminado por el Barcelona. Pero el año siguiente deparaba aún más sorpresas. El accionista mayoritario del club, González de Caldas, y su entrenador, José Antonio Camacho, hundieron al club en la ruina económica y deportiva; malgastando una de las mejores canteras de la época, malvendiendo y endeudando al club hasta los cimientos [cita requerida]. Hasta se quiso vender el estadio. Ninguno de los entrenadores posteriores pudo salvarlo, y descendió irremisiblemente a la Segunda División. Tras dos años en esa categoría y vencer al Villarreal Club de Fútbol en una ajustada promoción, el club afrontó una nueva temporada (99/00) en Primera que resultó ser pésima, y volvió al hoyo.
|